Patrimonio Histórico, Cultural y Artístico
IGLESIA PARROQUIAL DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Formación Histórica del Templo levantado en honor al Santísimo Sacramento
El hecho de que el prodigio ocurrido en el Carraixet fuera un milagro eucarístico fue determinando a la hora de consagrar el nuevo templo al Santísimo Sacramento. Era tiempo de fervorosas manifestaciones y de revelaciones de extraordinaria devoción, como la demostrada por Hugo de Fenollet al Santísimo Sacramento en el Sínodo de 1351, así como en su intención de instaurar la procesión del Corpus a Valencia, que ya se venía celebrando en otras ciudades de Europa.
Mientras tanto el rector de Alboraya vería menguados los ingresos procedentes de los feligreses de la vecina Almàssera. Asimismo, por lo que respecta al compromiso adquirido de ayuda económica con destino en la “parroquia madre”, también veía desvanecerse la aportación que probablemente pactaran parroquia y vicaría.
En 1353 la situación se hizo insostenible, y Hugo de Fenollet se vio forzado a intervenir, encomendando “al rector de Alboraya que bajo pena de excomunión amonesto los habitantes de Almàssera para que en el plazo de quince días pagan 1.700 sueldos en ayuda de las obras de la iglesia de Alboraya, campanas, ornamentos y luminaria, ya que se habían comprometido a eso”. Se trataba de una cantidad elevada, porque debemos pensar, a modo de ejemplo, que en 1279 el capellán de Alboraya entregaba “62 solidé y 4 denarii” con destino a la guerra santa. Por otro lado, un jurado de la ciudad de Valencia en aquellos momentos cobraba alrededor de 50 sueldos al año. Por tanto, 1.700 sueldos suponían una suma considerable a entregar.
A principios del s. XVII Escolano describe el lugar de Almàssera como “un poblado de cuarenta casas”. La cantidad de vecinos que habitaban el lugar de Almàssera a mitad del SIV no ha llegado hasta nosotros a través de las fuentes. La relación que se confeccionó con fines recaudatorios en 1646, citada anteriormente, ofrece una cifra concreta: 50 personas. No obstante, este tipo de listas cobradoras no ofrece una fiabilidad completa, porque generalmente se tendía a sesgar el sumatorio. Así las cosas, debemos suponer que la cantidad de vecinos en el siglo XIV sería inferior a las cifras ofrecidas para el siglo XVII. El número de feligreses al bien espiritual del que no podía atenderse convenientemente era un factor determinante a la hora de examinar la posibilidad de desmembración en un procedimiento eclesiástico. Sin embargo, dejando de lado el número de parroquianos, el elemento más destacable sería la existencia de un lugar, pueblo o alquería, poblado por gentes cristianas deseosas de acercarse al lugar sagrado de la comunidad vecinal, por otro lado, único punto de reunión ciudadana en la Edad Media. El otro requisito a tener en cuenta, la gran dificultad de los fieles para acudir en la iglesia parroquial, que por la distancia, ya por los obstáculos, ya por las asperezas del camino, era cumplido por los de Almàssera.
En último término, no podemos olvidar que los vecinos de Almàssera abonaban sus contribuciones decimales a Alboraya. Conscientes que su deber era pagar el diezmo, estaban decididos a llevarlo a efecto en su propia parroquia. La verdad es que sus razones parecen estar cargadas de verdad. Esta circunstancia ha sido obviada por la gran mayoría de autores que nos han ofrecido su visión particular del relato milagroso. Algún de ellos afirma, de forma contundente, que la vicaría colada y la creación de la parroquia de Almàssera en el Concordato de 1851, se debió “al aumento de población y a este milagro de las Formas Sagradas”.
Mientras tanto el rector de Alboraya vería menguados los ingresos procedentes de los feligreses de la vecina Almàssera. Asimismo, por lo que respecta al compromiso adquirido de ayuda económica con destino en la “parroquia madre”, también veía desvanecerse la aportación que probablemente pactaran parroquia y vicaría.
En 1353 la situación se hizo insostenible, y Hugo de Fenollet se vio forzado a intervenir, encomendando “al rector de Alboraya que bajo pena de excomunión amonesto los habitantes de Almàssera para que en el plazo de quince días pagan 1.700 sueldos en ayuda de las obras de la iglesia de Alboraya, campanas, ornamentos y luminaria, ya que se habían comprometido a eso”. Se trataba de una cantidad elevada, porque debemos pensar, a modo de ejemplo, que en 1279 el capellán de Alboraya entregaba “62 solidé y 4 denarii” con destino a la guerra santa. Por otro lado, un jurado de la ciudad de Valencia en aquellos momentos cobraba alrededor de 50 sueldos al año. Por tanto, 1.700 sueldos suponían una suma considerable a entregar.
A principios del s. XVII Escolano describe el lugar de Almàssera como “un poblado de cuarenta casas”. La cantidad de vecinos que habitaban el lugar de Almàssera a mitad del SIV no ha llegado hasta nosotros a través de las fuentes. La relación que se confeccionó con fines recaudatorios en 1646, citada anteriormente, ofrece una cifra concreta: 50 personas. No obstante, este tipo de listas cobradoras no ofrece una fiabilidad completa, porque generalmente se tendía a sesgar el sumatorio. Así las cosas, debemos suponer que la cantidad de vecinos en el siglo XIV sería inferior a las cifras ofrecidas para el siglo XVII. El número de feligreses al bien espiritual del que no podía atenderse convenientemente era un factor determinante a la hora de examinar la posibilidad de desmembración en un procedimiento eclesiástico. Sin embargo, dejando de lado el número de parroquianos, el elemento más destacable sería la existencia de un lugar, pueblo o alquería, poblado por gentes cristianas deseosas de acercarse al lugar sagrado de la comunidad vecinal, por otro lado, único punto de reunión ciudadana en la Edad Media. El otro requisito a tener en cuenta, la gran dificultad de los fieles para acudir en la iglesia parroquial, que por la distancia, ya por los obstáculos, ya por las asperezas del camino, era cumplido por los de Almàssera.
En último término, no podemos olvidar que los vecinos de Almàssera abonaban sus contribuciones decimales a Alboraya. Conscientes que su deber era pagar el diezmo, estaban decididos a llevarlo a efecto en su propia parroquia. La verdad es que sus razones parecen estar cargadas de verdad. Esta circunstancia ha sido obviada por la gran mayoría de autores que nos han ofrecido su visión particular del relato milagroso. Algún de ellos afirma, de forma contundente, que la vicaría colada y la creación de la parroquia de Almàssera en el Concordato de 1851, se debió “al aumento de población y a este milagro de las Formas Sagradas”.
Cronología
En 1347, un año antes del “Miracle dels peixets”, se solicita del Arzobispado de Valencia la autorización para la construcción de la Primera Iglesia de Almàssera. Hacia 1349, y aprovechando la influencia del milagro, se da la autorización para la creación de una vicaría dependiente de la parroquia de Alboraya. Más tarde, en 1352 se firma la separación de Almàssera de la Parroquia de Alboraya.

Del templo parroquial anterior al actual sólo queda la Capilla del Milagro o la capilla de Inocencio XI (probablemente porque se utilizó como almacén trastero), ya que el resto de la Iglesia fue derribada en el Siglo XIX para construir una nueva (entre 1792 y 1875). La capilla ha sido restaurada en 2002. El retrato de Inocencio XI, que se encuentra en la capilla del actual templo, se debe al hecho de ser primo hermano del primer Conde de Parcent y de ser, probablemente, el Papa que dictó la bula para que el pueblo de Almàssera celebrara la Fiesta del Corpus en el mes de Agosto.
Las torres de la Iglesia Parroquial del Santísimo Sacramento, destacan entre el resto de edificaciones de la localidad. Levantada a finales del siglo XIX, esta construcción de estilo neoclásico cuenta con un imponente Altar Mayor, decorado con gran profusión de frescos, entre ellos “El Cristo Salvador de la Iglesia”, que cierra el templete del Altar Mayor, obra de Antonio Cortina Farinós (Almàssera, 1841 – Valencia, 1890). El resto de las pinturas son obra de Remigio Soler (Agres, 1897 – València, 1983), haciendo siempre referencia a la Eucarístia y de Rafael Cardells (1899 – 1980).
En 1950 se remodeló el altar mayor, y en 1989 se añade al conjunto del altar mayor una pieza de orfebreria sacra, un relicario para guardar la arqueta del “miracle dels peixets”. En la misma fecha se inaugura el cuerpo superior de la torre del reloj.
Arquitectura
Este templo debió de ser construido en una estructura de raíz gótica como todos los de su época. Estaba ubicado en los terrenos que hoy ocupan el Ayuntamiento y la Casa de Cultura. El templo actual (finales del siglo XIX), de estilo neoclásico es obra de Vicente Marzo, inspirado, como tantos otros, en la Iglesia del Temple de Valencia, está articulado en cuatro tramos, un crucero y el presbiterio semicircular. La fachada, clasicista de formas rectas fundamentalmente, consta de una portada flanqueada por dos torres, con una cruz al centro y dos jarrones.

La fachada, de ladrillo sobre base de sillería, destaca por su severidad académica y geométrica. Está enmarcada por dos torres de tres cuerpos, el primero con tres ventanas, el segundo con dos y el tercero con un hueco de medio punto con campanas, y coronadas por una balaustrada. La torre izquierda porta el reloj en el segundo cuerpo. Ambas torres quedan unidas por un frontón curvo con dos jarrones a cada lado, que a su vez enmarca un segundo frontón triangular con óculo en su tímpano, al que llegan dos pares de pilastras con capiteles corintios que flanquean la puerta adintelada, coronada por un gran relieve de piedra, de tema eucarístico.

La fachada, de ladrillo sobre base de sillería, destaca por su severidad académica y geométrica. Está enmarcada por dos torres de tres cuerpos, el primero con tres ventanas, el segundo con dos y el tercero con un hueco de medio punto con campanas, y coronadas por una balaustrada. La torre izquierda porta el reloj en el segundo cuerpo. Ambas torres quedan unidas por un frontón curvo con dos jarrones a cada lado, que a su vez enmarca un segundo frontón triangular con óculo en su tímpano, al que llegan dos pares de pilastras con capiteles corintios que flanquean la puerta adintelada, coronada por un gran relieve de piedra, de tema eucarístico.

El Trasaltar de la Parroquia del Santísimo Sacramento de Almàssera
El 29 de septiembre de 1702 el Rector de Almàssera, Mossén Vicent Martí Sans, bendijo la nueva Iglesia de este municipio, cuyas obras habían comenzado once años antes, destacando el mecenazgo del Conde de Parcent. La rehabilitación del Trasaltar de la Parroquia del Santísimo Sacramento en Almàssera constituyó un complicado trabajo de diferentes grupos de profesionales y expertos a nivel estructural, arquitectónico y artístico.
La primera fase de rehabilitación arquitectónica se orientó a la limpieza y desescombro de la estancia, para más tarde someter sus muros a un tratamiento antihumedad. Luego se realizó la recontrucción arquitectónica de partes como la arcada superior derecha de la sala. También se reconstruyeron las yeserías y ornamentaciones que adornan el Trasaltar. Los trabajos de restauración de las pinturas de la cúpula y las paredes se realizó siguiendo unas pautas. Estas fases, realizadas por restauradores profesionales, se fundaron en una previa documentación con el fin de devolver al conjunto su aspecto original. La reposición de los dorados fue realizada utilizando la técnica del oro fino al agua para asegurar una máxima calidad y durabilidad del conjunto. En la cúpula destaca la figura central del Cordero Pascual que descansa en actitud plácida sobre una Biblia y sostiene una cruz a modo de estandarte y un lienzo en bandolera. En los muros del reraltar nos encontramos con la gran sorpresa de esta estancia: “el miracle dels peixets” en sus dos escenas -la pérdida de las hostias en el Carraixet y su recuperación en boca de dos peces-. Finalmente, hay que destacar la pintura que preside el conjunto pictórico, el retrato del Papa Inocencio XI.
La primera fase de rehabilitación arquitectónica se orientó a la limpieza y desescombro de la estancia, para más tarde someter sus muros a un tratamiento antihumedad. Luego se realizó la recontrucción arquitectónica de partes como la arcada superior derecha de la sala. También se reconstruyeron las yeserías y ornamentaciones que adornan el Trasaltar. Los trabajos de restauración de las pinturas de la cúpula y las paredes se realizó siguiendo unas pautas. Estas fases, realizadas por restauradores profesionales, se fundaron en una previa documentación con el fin de devolver al conjunto su aspecto original. La reposición de los dorados fue realizada utilizando la técnica del oro fino al agua para asegurar una máxima calidad y durabilidad del conjunto. En la cúpula destaca la figura central del Cordero Pascual que descansa en actitud plácida sobre una Biblia y sostiene una cruz a modo de estandarte y un lienzo en bandolera. En los muros del reraltar nos encontramos con la gran sorpresa de esta estancia: “el miracle dels peixets” en sus dos escenas -la pérdida de las hostias en el Carraixet y su recuperación en boca de dos peces-. Finalmente, hay que destacar la pintura que preside el conjunto pictórico, el retrato del Papa Inocencio XI.








































